• 29-Sep-2016
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Demencia, Alzheimer…. Una historia silenciosa.

Dr. Mario Adolfo Ríos, Dirección de Niñez, Adolescencia y Familia, Ministerio de Salud, Desarrollo Social y Deportes de la Provincia de Mendoza.

Demencia, Alzheimer…. Una historia silenciosa.

 

Pasamos mucho tiempo de nuestras vidas cuidándonos de no sufrir enfermedades, esas de las que son comunes de encontrar entre familiares, vecinos, amigos, como la hipertensión arterial, diabetes, infecciones, etc. y si bien sabemos que la demencia existe, no es una patología que sintamos nos amenazará alguna vez.

Esto lleva a dos cosas, a la negación cuando aparece y por ende a esperar demasiado tiempo para consultar un especialista y confirmar el diagnostico.

Indudablemente las maneras de envejecer han cambiado y a los 60 años pocos podrían decirse ancianos, este hecho hace que la visión de un paciente enfermo de demencia sea la de una persona muy viejita, preconcepto muy común en la sociedad actual.

Pero obviamente llega un momento en el que los síntomas y signos de las demencias se van haciendo evidentes y los primeros en darse cuenta son los mismos sujetos que las sufren, quienes hacen un esfuerzo por ocultarlas, pero que no dejará de preocuparlos, al notar que sus fallos cognitivos también comienzan a visualizarlos los más cercanos y que van generando dificultades en el desarrollo de las actividades habituales de su vida diaria.

La incertidumbre que sufren quienes las padecen es grande pues deben enfrentarse con algo desconocido, y con un recuerdo totalmente negativo sobre su evolución.

Y es ahí donde comienza la lucha interna, no quiere aceptarse esa posibilidad, se justifica adornando estos fallos con cuestiones cotidianas y normales  ocultando la tremenda angustia que conlleva una enfermedad, que según sus propias creencias será  discapacitante  y despersonalizante .

Ahora no solo deben enfrentarse con su propia vejez sino también con el fantasma de la locura, esa que conocieran alguna vez en aquella ancianita que aún recuerdan.

Mientras tanto el proceso sigue evolucionando y hasta la propia familia no quiere aceptarlo, se engañan a si mismos pensando que todas estas nuevas conductas y olvidos tienen que ver con cualquier cosa, menos con una demencia en evolución.

Y el reloj sigue corriendo, hasta que el valor del enfermo o el temor  de algún ser cercano los lleva finalmente a la consulta médica, con la intima esperanza que les digan lo que quieren oír del profesional, que es, ….. “no es nada….son los años”.

Con el diagnóstico esperado y más conveniente para todos, cunde la alegría, pero por poco tiempo, pues la evidencia del proceso definido como crónico, irreversible y progresivo se hace notar inexorablemente.

Llega el momento en el  que las conductas  del paciente van interfiriendo directamente en la vida de sus seres querido, aparecen situaciones de peligro para él o para otros, los pequeños olvidos ya no son tan inocuos y se empieza a plantear la necesidad de una nueva consulta médica.

No es nada inusual que la búsqueda más profunda del diagnostico final sea producto de la insistencia de quienes son allegados preocupados, pues tampoco es raro que algunos profesionales sigan opinando que este proceso es normal y tiene que ver con el paso de los años, confundiendo negligentemente una demencia en curso con fallos cognitivos leves fisiológicamente normales del envejecimiento cerebral.

Que se debería entonces esperar? Que los síntomas sean tan importantes y positivos para poder decir sin temor a errarle de que el paciente esta demenciado? Para luego encontrarse todos en un callejón sin salida del que no existe aún medicación especifica para detener lo que ya esta muy deteriorado.

No es nada raro que se intente compensar ciertas conductas con medicación psiquiátrica y así el mundo del enfermo se achica cada vez más hasta quedar confinado en un espacio reducido, pero seguro, según quienes lo acompañan.

La falta de movilidad lo lleva a la hipotrofia muscular y las alteraciones en general complican más el cuadro….

No es la idea de este artículo generar temor en las personas que lo lean, el objetivo es exponer lo que comúnmente sucede y veo a diario en mi consultorio.

Es un derecho de las personas el estar informadas por quienes somos los responsables de atender este tipo de patologías y de esa manera ganarle tiempo a esta  enfermedad, detectándola precozmente y haciendo a partir de allí todo lo necesario para que sean largas sus etapas y finalmente el deterioro no ocurra como lo haría si seguimos no escuchando la voz del Alzheimer.

 

 

 

 Dr. Mario Adolfo RiosDemencia, Alzheimer…. Una historia silenciosa.

 

Pasamos mucho tiempo de nuestras vidas cuidándonos de no sufrir enfermedades, esas de las que son comunes de encontrar entre familiares, vecinos, amigos, como la hipertensión arterial, diabetes, infecciones, etc. y si bien sabemos que la demencia existe, no es una patología que sintamos nos amenazará alguna vez.

Esto lleva a dos cosas, a la negación cuando aparece y por ende a esperar demasiado tiempo para consultar un especialista y confirmar el diagnostico.

Indudablemente las maneras de envejecer han cambiado y a los 60 años pocos podrían decirse ancianos, este hecho hace que la visión de un paciente enfermo de demencia sea la de una persona muy viejita, preconcepto muy común en la sociedad actual.

Pero obviamente llega un momento en el que los síntomas y signos de las demencias se van haciendo evidentes y los primeros en darse cuenta son los mismos sujetos que las sufren, quienes hacen un esfuerzo por ocultarlas, pero que no dejará de preocuparlos, al notar que sus fallos cognitivos también comienzan a visualizarlos los más cercanos y que van generando dificultades en el desarrollo de las actividades habituales de su vida diaria.

La incertidumbre que sufren quienes las padecen es grande pues deben enfrentarse con algo desconocido, y con un recuerdo totalmente negativo sobre su evolución.

Y es ahí donde comienza la lucha interna, no quiere aceptarse esa posibilidad, se justifica adornando estos fallos con cuestiones cotidianas y normales  ocultando la tremenda angustia que conlleva una enfermedad, que según sus propias creencias será  discapacitante  y despersonalizante .

Ahora no solo deben enfrentarse con su propia vejez sino también con el fantasma de la locura, esa que conocieran alguna vez en aquella ancianita que aún recuerdan.

Mientras tanto el proceso sigue evolucionando y hasta la propia familia no quiere aceptarlo, se engañan a si mismos pensando que todas estas nuevas conductas y olvidos tienen que ver con cualquier cosa, menos con una demencia en evolución.

Y el reloj sigue corriendo, hasta que el valor del enfermo o el temor  de algún ser cercano los lleva finalmente a la consulta médica, con la intima esperanza que les digan lo que quieren oír del profesional, que es, ….. “no es nada….son los años”.

Con el diagnóstico esperado y más conveniente para todos, cunde la alegría, pero por poco tiempo, pues la evidencia del proceso definido como crónico, irreversible y progresivo se hace notar inexorablemente.

Llega el momento en el  que las conductas  del paciente van interfiriendo directamente en la vida de sus seres querido, aparecen situaciones de peligro para él o para otros, los pequeños olvidos ya no son tan inocuos y se empieza a plantear la necesidad de una nueva consulta médica.

No es nada inusual que la búsqueda más profunda del diagnostico final sea producto de la insistencia de quienes son allegados preocupados, pues tampoco es raro que algunos profesionales sigan opinando que este proceso es normal y tiene que ver con el paso de los años, confundiendo negligentemente una demencia en curso con fallos cognitivos leves fisiológicamente normales del envejecimiento cerebral.

Que se debería entonces esperar? Que los síntomas sean tan importantes y positivos para poder decir sin temor a errarle de que el paciente esta demenciado? Para luego encontrarse todos en un callejón sin salida del que no existe aún medicación especifica para detener lo que ya esta muy deteriorado.

No es nada raro que se intente compensar ciertas conductas con medicación psiquiátrica y así el mundo del enfermo se achica cada vez más hasta quedar confinado en un espacio reducido, pero seguro, según quienes lo acompañan.

La falta de movilidad lo lleva a la hipotrofia muscular y las alteraciones en general complican más el cuadro….

No es la idea de este artículo generar temor en las personas que lo lean, el objetivo es exponer lo que comúnmente sucede y veo a diario en mi consultorio.

Es un derecho de las personas el estar informadas por quienes somos los responsables de atender este tipo de patologías y de esa manera ganarle tiempo a esta  enfermedad, detectándola precozmente y haciendo a partir de allí todo lo necesario para que sean largas sus etapas y finalmente el deterioro no ocurra como lo haría si seguimos no escuchando la voz del Alzheimer.

 

 

 Dr. Mario Adolfo RiosDemencia, Alzheimer…. Una historia silenciosa.

 

Pasamos mucho tiempo de nuestras vidas cuidándonos de no sufrir enfermedades, esas de las que son comunes de encontrar entre familiares, vecinos, amigos, como la hipertensión arterial, diabetes, infecciones, etc. y si bien sabemos que la demencia existe, no es una patología que sintamos nos amenazará alguna vez.

Esto lleva a dos cosas, a la negación cuando aparece y por ende a esperar demasiado tiempo para consultar un especialista y confirmar el diagnostico.

Indudablemente las maneras de envejecer han cambiado y a los 60 años pocos podrían decirse ancianos, este hecho hace que la visión de un paciente enfermo de demencia sea la de una persona muy viejita, preconcepto muy común en la sociedad actual.

Pero obviamente llega un momento en el que los síntomas y signos de las demencias se van haciendo evidentes y los primeros en darse cuenta son los mismos sujetos que las sufren, quienes hacen un esfuerzo por ocultarlas, pero que no dejará de preocuparlos, al notar que sus fallos cognitivos también comienzan a visualizarlos los más cercanos y que van generando dificultades en el desarrollo de las actividades habituales de su vida diaria.

La incertidumbre que sufren quienes las padecen es grande pues deben enfrentarse con algo desconocido, y con un recuerdo totalmente negativo sobre su evolución.

Y es ahí donde comienza la lucha interna, no quiere aceptarse esa posibilidad, se justifica adornando estos fallos con cuestiones cotidianas y normales  ocultando la tremenda angustia que conlleva una enfermedad, que según sus propias creencias será  discapacitante  y despersonalizante .

Ahora no solo deben enfrentarse con su propia vejez sino también con el fantasma de la locura, esa que conocieran alguna vez en aquella ancianita que aún recuerdan.

Mientras tanto el proceso sigue evolucionando y hasta la propia familia no quiere aceptarlo, se engañan a si mismos pensando que todas estas nuevas conductas y olvidos tienen que ver con cualquier cosa, menos con una demencia en evolución.

Y el reloj sigue corriendo, hasta que el valor del enfermo o el temor  de algún ser cercano los lleva finalmente a la consulta médica, con la intima esperanza que les digan lo que quieren oír del profesional, que es, ….. “no es nada….son los años”.

Con el diagnóstico esperado y más conveniente para todos, cunde la alegría, pero por poco tiempo, pues la evidencia del proceso definido como crónico, irreversible y progresivo se hace notar inexorablemente.

Llega el momento en el  que las conductas  del paciente van interfiriendo directamente en la vida de sus seres querido, aparecen situaciones de peligro para él o para otros, los pequeños olvidos ya no son tan inocuos y se empieza a plantear la necesidad de una nueva consulta médica.

No es nada inusual que la búsqueda más profunda del diagnostico final sea producto de la insistencia de quienes son allegados preocupados, pues tampoco es raro que algunos profesionales sigan opinando que este proceso es normal y tiene que ver con el paso de los años, confundiendo negligentemente una demencia en curso con fallos cognitivos leves fisiológicamente normales del envejecimiento cerebral.

Que se debería entonces esperar? Que los síntomas sean tan importantes y positivos para poder decir sin temor a errarle de que el paciente esta demenciado? Para luego encontrarse todos en un callejón sin salida del que no existe aún medicación especifica para detener lo que ya esta muy deteriorado.

No es nada raro que se intente compensar ciertas conductas con medicación psiquiátrica y así el mundo del enfermo se achica cada vez más hasta quedar confinado en un espacio reducido, pero seguro, según quienes lo acompañan.

La falta de movilidad lo lleva a la hipotrofia muscular y las alteraciones en general complican más el cuadro….

No es la idea de este artículo generar temor en las personas que lo lean, el objetivo es exponer lo que comúnmente sucede y veo a diario en mi consultorio.

Es un derecho de las personas el estar informadas por quienes somos los responsables de atender este tipo de patologías y de esa manera ganarle tiempo a esta  enfermedad, detectándola precozmente y haciendo a partir de allí todo lo necesario para que sean largas sus etapas y finalmente el deterioro no ocurra como lo haría si seguimos no escuchando la voz del Alzheimer.

 

 

 Dr. Mario Adolfo RiosDemencia, Alzheimer…. Una historia silenciosa.

 

Pasamos mucho tiempo de nuestras vidas cuidándonos de no sufrir enfermedades, esas de las que son comunes de encontrar entre familiares, vecinos, amigos, como la hipertensión arterial, diabetes, infecciones, etc. y si bien sabemos que la demencia existe, no es una patología que sintamos nos amenazará alguna vez.

Esto lleva a dos cosas, a la negación cuando aparece y por ende a esperar demasiado tiempo para consultar un especialista y confirmar el diagnostico.

Indudablemente las maneras de envejecer han cambiado y a los 60 años pocos podrían decirse ancianos, este hecho hace que la visión de un paciente enfermo de demencia sea la de una persona muy viejita, preconcepto muy común en la sociedad actual.

Pero obviamente llega un momento en el que los síntomas y signos de las demencias se van haciendo evidentes y los primeros en darse cuenta son los mismos sujetos que las sufren, quienes hacen un esfuerzo por ocultarlas, pero que no dejará de preocuparlos, al notar que sus fallos cognitivos también comienzan a visualizarlos los más cercanos y que van generando dificultades en el desarrollo de las actividades habituales de su vida diaria.

La incertidumbre que sufren quienes las padecen es grande pues deben enfrentarse con algo desconocido, y con un recuerdo totalmente negativo sobre su evolución.

Y es ahí donde comienza la lucha interna, no quiere aceptarse esa posibilidad, se justifica adornando estos fallos con cuestiones cotidianas y normales  ocultando la tremenda angustia que conlleva una enfermedad, que según sus propias creencias será  discapacitante  y despersonalizante .

Ahora no solo deben enfrentarse con su propia vejez sino también con el fantasma de la locura, esa que conocieran alguna vez en aquella ancianita que aún recuerdan.

Mientras tanto el proceso sigue evolucionando y hasta la propia familia no quiere aceptarlo, se engañan a si mismos pensando que todas estas nuevas conductas y olvidos tienen que ver con cualquier cosa, menos con una demencia en evolución.

Y el reloj sigue corriendo, hasta que el valor del enfermo o el temor  de algún ser cercano los lleva finalmente a la consulta médica, con la intima esperanza que les digan lo que quieren oír del profesional, que es, ….. “no es nada….son los años”.

Con el diagnóstico esperado y más conveniente para todos, cunde la alegría, pero por poco tiempo, pues la evidencia del proceso definido como crónico, irreversible y progresivo se hace notar inexorablemente.

Llega el momento en el  que las conductas  del paciente van interfiriendo directamente en la vida de sus seres querido, aparecen situaciones de peligro para él o para otros, los pequeños olvidos ya no son tan inocuos y se empieza a plantear la necesidad de una nueva consulta médica.

No es nada inusual que la búsqueda más profunda del diagnostico final sea producto de la insistencia de quienes son allegados preocupados, pues tampoco es raro que algunos profesionales sigan opinando que este proceso es normal y tiene que ver con el paso de los años, confundiendo negligentemente una demencia en curso con fallos cognitivos leves fisiológicamente normales del envejecimiento cerebral.

Que se debería entonces esperar? Que los síntomas sean tan importantes y positivos para poder decir sin temor a errarle de que el paciente esta demenciado? Para luego encontrarse todos en un callejón sin salida del que no existe aún medicación especifica para detener lo que ya esta muy deteriorado.

No es nada raro que se intente compensar ciertas conductas con medicación psiquiátrica y así el mundo del enfermo se achica cada vez más hasta quedar confinado en un espacio reducido, pero seguro, según quienes lo acompañan.

La falta de movilidad lo lleva a la hipotrofia muscular y las alteraciones en general complican más el cuadro….

No es la idea de este artículo generar temor en las personas que lo lean, el objetivo es exponer lo que comúnmente sucede y veo a diario en mi consultorio.

Es un derecho de las personas el estar informadas por quienes somos los responsables de atender este tipo de patologías y de esa manera ganarle tiempo a esta  enfermedad, detectándola precozmente y haciendo a partir de allí todo lo necesario para que sean largas sus etapas y finalmente el deterioro no ocurra como lo haría si seguimos no escuchando la voz del Alzheimer.

                                                                                                                  Dr. Mario Adolfo Rios


 

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